
Arruguitas que se desdoblan de la almohada, una espalda caliente, pijama desordenada, cobijas revueltas, colochos peligrosamente alborotados, ojos soñolientes y dependiendo de que lado de la cama se amaneció; una sonrisilla con ganas o aperezada.
Lo que sucede cuando uno se despierta cada mañana, se levanta de la cama y se vuelve a ver.
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